29 de junio de 2009

Metáforas que lastiman

Ayer en Reforma publiqué lo siguiente:

"...el sistema de partidos padece de una enfermedad común: el autismo. Incapaces de descifrar o entender los sentimientos de los ciudadanos, los partidos funcionan como mecanismos de representación de sus propios intereses. Indiferentes a las preocupaciones colectivas, cada partido contribuye para preservar el status quo, ante una sociedad que demanda un México distinto.

El telegrama ciudadano sirvió para ratificar el diagnóstico del autismo. En lugar de ver el movimiento como una masa politizada de ciudadanos con voluntad de participación y capacidad de construcción de redes, los políticos se dedicaron a pontificar con el dedo índice apuntando hacia arriba."

Ayer también me encontré que Milagros Pérez Oliva, defensora del lector en el diario español El País, publica una crítica al uso del lenguaje clínico como metáfora:

"Un periódico no sólo es una propuesta de jerarquía de la realidad, sino un modo de definirla, y lo hace con el lenguaje como principal herramienta. Pero el lenguaje no es neutro ni permanece estático. Refleja una manera de pensar y evoluciona con el tiempo, como el propio pensamiento… Un periódico tiene que ser sensible a la evolución social del lenguaje y evitar el uso estigmatizador de palabras como autismo, esquizofrenia, borderline o psicótico, que pueden causar daño."

 

Las palabras tienen vida propia. Pérez Oliva invita a pensar sobre los filos ocultos y bordes puntiagudos que puede tener una aparente metáfora inocente.

El telegrama en swahili

Una energía social, una fuerza abundante, una actividad inquieta, Alexis de Tocqueville definió así a la democracia. Más que una forma de gobierno, la democracia es una ruta civilizada para encauzar los fervores colectivos. Las pasiones sociales pueden engendrar revoluciones sangrientas o transformaciones serenas y profundas. Una protesta callejera o una urna repleta de votos son dos maneras de manifestar los ímpetus que afectan a una comunidad.

Hoy, una fracción importante de la sociedad mexicana se siente agraviada por un inventario de impunidades cometidas por políticos profesionales. Este sector ofendido de la ciudadanía ha decidido canalizar el descontento con una campaña de promoción del voto nulo. Las redes sociales de Internet han transformado este resentimiento individual en una efervescente masa crítica. Los opositores del voto nulo argumentan que el movimiento es un coro descoordinado, sin reclamos aterrizados en una agenda de propuestas. Tienen razón. El movimiento por la anulación del sufragio intenta enviar un telegrama en swahili a la clase política.  A pesar del lenguaje confuso, el telegrama sí trae un mensaje concreto: es una señal de alerta. Esta protesta cívica carece de un pliego petitorio, pero sí comunica con mucha claridad un sentimiento de hastío. Menospreciar las manifestaciones emocionales es ningunear la naturaleza de nuestra especie. A los seres humanos nos mueven más las pasiones que las ideas.

Quienes perciben al movimiento del voto nulo como una amenaza a la continuidad del orden democrático, confunden el síntoma con la enfermedad. El hartazgo cívico es resultado de una brecha abismal entre gobernantes y gobernados. A los ojos de muchos ciudadanos votar por la alternativa que provoque menos nauseas, no parece ser la mejor manera de hacerse escuchar. Es cierto que hay diferencias de forma y fondo, entre cada uno de los partidos políticos. No podemos echar en el mismo costal a la mafia popis del Partido Verde, a los negocios privados de PT y Convergencia, con el PRI, PAN y PRD. Sin embargo, el sistema de partidos padece de una enfermedad común: el autismo. Incapaces de descifrar o entender los sentimientos de los ciudadanos, los partidos funcionan como mecanismos de representación de sus propios intereses. Indiferentes a las preocupaciones colectivas, cada partido contribuye para preservar el status quo, ante una sociedad que demanda un México distinto.

El telegrama ciudadano sirvió para ratificar el diagnóstico del autismo. En lugar de ver el movimiento como una masa politizada de ciudadanos con voluntad de participación y capacidad de construcción de redes, los políticos se dedicaron a pontificar con el dedo índice apuntando hacia arriba. Los regaños de los partidos confirmaron el síndrome que les impide ver, escuchar y sentir lo que preocupa a los ciudadanos.

Hoy en Irán, los jóvenes usan Facebook y Twitter para organizar protestas callejeras. En México, la nueva generación de ciudadanos usan estas tecnologías para llamar a las urnas y cancelar el voto o sufragar a favor de un candidato independiente. Me preocupa mucho más la indiferencia y el conformismo, que la convocatoria para acudir a las urnas para inutilizar la boleta electoral. Con votos nulos, independientes, razonados o comprometidos hay millones de compatriotas que miran a las urnas como un medio para  transformar a México. Esa energía social, esa fuerza abundante y esa actividad inquieta me dan esperanza sobre el futuro de mi país.

 

21 de junio de 2009

Transparencia superficial

México ha progresado mucho en temas de transparencia, pero esos avances no han logrado transformar la relación entre los ciudadanos y la autoridad. ¿De qué sirve saber el salario del Presidente, si no se tiene información accesible sobre los peritajes de seguridad de las guarderías del IMSS? La transparencia no sólo es un fin en si mismo, sino un insumo para rendir cuentas sobre la calidad de los servicios que provee el gobierno.

En Hermosillo Sonora, alguien era responsable de garantizar que las guarderías subrogadas del IMSS cumplieran con los requisitos para garantizar la seguridad de los pequeños usuarios. En este dramático caso, el federalismo mexicano ha servido para diluir responsabilidades: el gobierno estatal le echa la culpa a su contraparte federal, mientras que el IMSS apunta su dedo hacia el municipio. Sobre el dolor de los infantes muertos, ahora viene el agravio de autoridades que se manifiestan ajenas a toda responsabilidad. ¿Quién es la persona o institución encargada de que una tragedia de esta magnitud no se repita? Todavía no esta claro.

El director del IMSS salió a decir que la guardería cumplía con todos los requisitos de seguridad. El mensaje debería helar la sangre a millones de madres trabajadoras que tienen a sus hijos en guarderías vigiladas por el Instituto: hay cuarenta y seis niños muertos, pero el local había tomado todas las precauciones necesarias para funcionar. Ante la dolorosa evidencia sólo caben dos lecturas: los requisitos de seguridad están mal diseñados o el inspector encargado de verificar a la guardería ignoró los peligros del local. 

¿Quién era el inspector encargado de supervisar esa guardería? ¿Quién fue el responsable de asignar su subrogación? ¿Cuáles son los requisitos para determinar quien sí y quien no puede operar una guardería subrogada? ¿Quiénes son los dueños de las 1420 guarderías subrogadas por el IMSS?

Internet es una tecnología con un potencial revolucionario para la rendición de cuentas. ¿Qué ocurriría si cada guardería subrogada tuviera la obligación de tener una sencilla página de Internet donde se transparentara información básica para los padres y el propio IMSS: nombres y reportes de los inspectores de seguridad, información básica sobre ejercicios de simulacro, mantenimiento de alarmas contra incendio, etc. Las páginas se podrían actualizar mensualmente con la información vigente. Con esta herramienta, los padres se podrían convertir en vigilantes de la guardería y de los inspectores del IMSS.

En temas de gobierno y política pública no hay varitas mágicas que solucionen todos los problemas en un parpadeo. Muchas familias trabajadoras no tienen acceso a Internet, pero aún así la burocracia del IMSS y las guarderías se verían obligadas a rendir cuentas ante la instancia más importante: los usuarios del servicio. Los avances en materia de transparencia apenas arañan la superficie de la administración pública. Las entrañas aún permanecen a obscuras.

 

20 de junio de 2009

La carta del año 2008

Sara Bucay me envío una joya con motivo del post, "El sustantivo ausente". Una mujer de 98 años le escribe una carta al gerente de su banco para lamentarse por que le rebotaron un cheque. La carta (en inglés) es un portento de humor y literatura. El gerente del banco tuvo el buen tino de enviar la carta al diario The Times y el periódico le otorgó el reconocimiento de la mejor carta de 2008.

15 de junio de 2009

El sustantivo ausente

Tengo una duda:

¿Alguien ha escuchado a un candidato o dirigente de partido político pronunciar la palabra consumidor?

República Guajira

Una república es una comunidad de personas, donde todos los individuos son iguales ante la ley.  En una república no hay reyes o aristócratas que tienen un trato privilegiado de los tribunales. El Artículo 40 de la Constitución establece que: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República.” Creo que nuestra Carta Magna tiene un error en el fraseo. El Artículo citado debería decir: “Es aspiración del pueblo mexicano” o tal vez “Es ilusión del pueblo” o de plano tirar la neta: “Es un sueño guajiro constituirnos en un orden legal donde todos los ciudadanos tenemos igualdad de derechos y obligaciones.”

En el mejor de los casos, la República Mexicana es una hipótesis. En la política y la economía nacional, las reglas tienen excepciones y contratos con letra chiquita. El campo de juego no es parejo para consumidores y ciudadanos. Un ejemplo reciente de nuestra parodia republicana es la aprobación, en la Cámara de Diputados, de un proyecto de reforma constitucional sobre acciones colectivas. La iniciativa cancela el derecho de los consumidores a organizarse para exigir justicia y resarcir un abuso cometido en su contra.

Los diputados le dejaron dos opciones a los consumidores mexicanos víctimas de una arbitrariedad: una mala y otra peor. La opción mala consiste en acudir a la Procuraduría Federal del Consumidor, para que ésta institución presente la demanda ante los tribunales. Hoy la Profeco tiene el monopolio exclusivo de representar el interés de los consumidores. Si el Senado ratificara el bodrio de los diputados, las organizaciones sociales no tendrían facultad de presentar acciones colectivas a favor de un grupo de ciudadanos. Lo último que necesita México es un nuevo monopolio y ahora los diputados le entregan a Profeco la facultad única y exclusiva de representar los intereses de consumidores organizados.  Una persona que trabaja en Profeco me informa que el área jurídica encargada de presentar acciones colectivas cuenta con un equipo de cinco abogados: ¡Un quinteto de licenciados para representar a 105 millones de consumidores!

La iniciativa aprobada en San Lázaro provocaría el aplauso de José Stalin o de cualquier otro prócer del estado totalitario: una oficina de burócratas es la única entidad con capacidad legal para defender los intereses de los consumidores. Los individuos no tienen el derecho a la organización colectiva para defenderse en los tribunales.

La peor de las opciones para el consumidor mexicano es acudir individualmente a un juez para exigir el resarcimiento de un daño por un proveedor de bienes y servicios. Si un mexicano común acude por si sólo a un tribunal para demandar a Telmex por un cobro indebido en su recibo telefónico, el afectado no necesita un abogado, más bien le urge un psiquiatra. Sólo un loco se metería en un pleito legal con el despacho jurídico de un monopolio o una gran empresa. Un consumidor mexicano tiene mejores posibilidades de defender sus derechos si bloquea una avenida, que si acude con un juez.

La competitividad y el desarrollo de México dependen de la construcción de una República de mercado: una versión virtuosa del capitalismo, donde todos los actores económicos están en igualdad de condiciones ante la ley. El Senado puede salvar a los consumidores mexicanos del despropósito que aprobaron los diputados.

8 de junio de 2009

El genoma criminal

Hace unas semanas un grupo de científicos  nacionales hizo un descubrimiento que fue bautizado como el mapa genético de los mexicanos. Como si la idiosincrasia nacional fuera un instructivo singular para crear células, el hallazgo catalogó a 105 millones de compatriotas como un subconjunto específico de la especie humana. En un país hambriento de buenas noticias, el gobierno celebró el descubrimiento con bombos y platillos. Si podemos distinguir el ADN que nos separa de los incas, los españoles y gringos, ¿tal vez sea posible establecer diferencias genómicas entre los ciudadanos de la colonia del Valle y los habitantes de la Narvarte?

Me pregunto si la ciencia nacional, también podría establecer una diferencia genómica entre los mexicanos honestos y los compatriotas tranzas, una línea de cromosomas que distinga a los gandallas de los generosos. Sospecho que la genética no tiene manera para separar a los mexicanos mafiosos del resto de nosotros. Si la ciencia no ha podido separar a los seres buenos de los malos, el discurso político y la propaganda electoral lo hace todos los días. Un anuncio del PAN reduce la lucha contra la delincuencia al juego de jalar la soga entre dos equipos: de un lado de la cuerda están unos jóvenes con playeras azules de Acción Nacional y del otro extremo del mecate hay una pandilla panzones con chamarras de cuero, cadenas de oro y estereotipo de un rufián. Al final del comercial, un grupo de personas con camisas blancas llegan a jalar la reata del lado de los buenos enfundados en azul, mientras  que los hampones caen en un charco de lodo.

El comercial de TV no es una trivialidad publicitaria de la campaña electoral, sino un resumen visual del discurso del gobierno frente al crimen organizado. Esta semana, diez presidentes municipales del estado de Michoacán fueron aprendidos por sospecha de tener vínculos con la delincuencia. ¿Qué tan diferente será el ADN del alcalde de Uruapan de tus genes y los míos? Me sospecho que tú y yo tenemos mucho en común con las celebridades criminales de esta semana: son seres humanos, aman a sus familias y en su corazón tienen le miedo al dolor y la violencia. No pretendo defender, ni exculpar a estos servidores públicos que, presuntamente, acabaron por servir a los intereses más tenebrosos. Los presidentes municipales que sustituyan a los alcaldes arrestados ¿tendrán el genoma de El Santo,  Kalimán y Felipe Calderón?   ¿serán unos paladines a favor de la justicia o tendrán los cromosomas del hijo del vecino? Creo que los alcaldes sustitutos serán unos seres humanos promedio, susceptibles de caer en actos de corrupción y con instinto de supervivencia. Los flamantes funcionarios serán tan humanos como sus antecesores. Hay más de 2,400 municipios en México. ¿Cuántos ayuntamientos estarán infiltrados por la mafia? ¿El problema comienza y termina en el estado de Michoacán?

Ya nos avisaron que el Ejército Mexicano seguirá en la lucha contra el crimen por lo menos hasta el año 2013. La guerra contra el crimen organizado será una batalla eterna, mientras se asuma como una lucha de buenos versus malos. El gobierno panista explica el problema con la premisa bipolar de un juego infantil de policías y ladrones. El asunto no es un tema de cromosomas humanos, sino del genoma de nuestras instituciones. Tus genes son 99.9%  idénticos a los de cualquier ser humano del planeta. Nuestros rasgos individuales, no nacionales, dependen del restante 0.1%. Cada semana se acumulan evidencias sobre la fragilidad de los municipios para encarar la amenaza del crimen organizado. Nuestros ayuntamientos se deberían dedicar exclusivamente a resolver problemas del desarrollo urbano y dejar los temas de seguridad pública a otros niveles de gobierno. La máxima responsabilidad de un policía municipal debería ser la aplicación de multas de tránsito. La singularidad nacional no está en la herencia de nuestras células si no en la disfuncionalidad de nuestras instituciones. 

17 de mayo de 2009

Tres crisis y un microbio

México ha padecido crisis por caídas repentinas en los precios del petróleo. También hemos sufrido pulmonías a consecuencia de las gripas económicas que a veces le pegan a Estados Unidos. En otras ocasiones, nuestro país ha pagado caro la irresponsabilidad fiscal de gobiernos que gastan el presupuesto, como si el dinero cayera del cielo. Como una tormenta perfecta que combina el choque de varios huracanes, México tendrá que campear la comunión de tres tempestades. Ya llovía a cantaros, cuando un microbio que enfermaba a los puercos comenzó a contagiar a los seres humanos.

Felipe Calderón no es culpable del terremoto con epicentro en Wall Street que cimbró a Estados Unidos y sus ondas sísmicas se sintieron en la economía global. Al presidente de México tampoco se le puede achacar totalmente la responsabilidad por la caída en la producción y exportación de hidrocarburos. La decadencia de nuestra riqueza petrolera es la suma de muchos años de negligencia política en Los Pinos y el Congreso. El Ejecutivo Federal no tuvo nada que ver con el infortunio de la epidemia de influenza. La gestación de estas catástrofes es ajena al segundo sexenio panista. Sin embargo, el gobierno actual es el principal responsable del manejo echeverrista de las finanzas públicas.

Entre enero y marzo, el gasto público creció 24% con respecto al año anterior. En esos tres meses los ingresos del gobierno cayeron  en 9% .  Si se gasta más de lo que se gana, de algún lado tiene que salir el dinero para tapar el agujero. En abril, México obtuvo una línea de crédito del Fondo Monetario Internacional por 47 mil millones de dólares. Este dinero no es un préstamo… todavía. Es una bolsa de lana disponible por si se ofrece. Este dinero es como una especie de tarjeta de crédito platino-plus-vip que se guarda en el cajón para las épocas de vacas flacas.

 Para dar una idea de la montaña de dinero que significa esta bolsa de financiamiento, basta una comparación: hasta diciembre de 2008, la deuda externa total del gobierno mexicano era de 37,705 millones de dólares. La línea de crédito del FMI representa un 120% de toda la deuda gubernamental en moneda extranjera. Si el gobierno de Calderón utilizara la totalidad del dinero, en un año se habría multiplicado por más de dos la deuda externa del país. La carga de la deuda externa pasaría del 5 a 11% del PIB. 

 

¿En qué utiliza el gobierno mexicano, el dinero que no tiene? Por ejemplo, el gasto de la Sedesol aumentó en 97% . durante los primeros tres meses del año. La explicación oficial sostiene que los recursos se utilizarán en mayores subsidios corrientes destinados a programas de combate a la pobreza como Oportunidades. ¿Por qué razón se duplicó el dinero asignado para estas acciones de gobierno? ¿Se duplicó el número de pobres en los últimos tres meses? En esta jauja de subsidios, hay regalos para todos los grupos sociales: la Secretaría de Economía aumentó sus fondos para empresas pequeñas y medianas en un 80%: ¿Cuáles son las compañías beneficiadas? ¿Cuánto dinero se invierte para salvar una fuente de empleo en una PYME? El gobierno del presidente Calderón debería explicar las razones de este súbito incremento en los subsidios. Sin una rendición de cuentas clara sobre este exorbitante aumento del gasto, el sospechocismo se puede poner de a peso: ¿El gobierno usa el presupuesto para palear la recesión económica o para combatir el abstencionismo electoral?

La culpa es de los muertos

La crisis de la influenza ha abierto varias preguntas sobre el funcionamiento de la red de instituciones públicas dedicadas a protegernos de la enfermedad. La duda más recurrente es ¿por qué aquí hay muertos de una epidemia que resulta curable en otros países? La respuesta convencional ha sido responsabilizar a los difuntos por automedicarse y acudir tarde al doctor. Es cierto que los mexicanos tenemos el hábito de ir a la farmacia sin pisar un consultorio, pero en realidad, la automedicación salva a nuestro sistema de salud del colapso cotidiano. Nuestros hospitales públicos y privados no tendrían capacidad para absorber la demanda de consultas y pacientes.  Ante la posibilidad de pasar varias horas en la sala de espera de un hospital público, la mayoría de los mexicanos buscan atención médica sólo en caso de una emergencia.

En muchos países desarrollados, los hospitales públicos difunden sus estadísticas sobre los tiempos de espera de sus distintos servicios: consultas, estudios o cirugías. En México será difícil transparentar los tiempos de espera por que nos enfrentaríamos a una realidad muy incómoda: en los servicios de salud que provee el gobierno hay clases sociales. Una enfermedad tratable en un buen hospital público, puede ser un mal incurable en una clínica con carencias de recursos humanos y financieros. En el Distrito Federal, hay 28 sanatorios a cargo del gobierno de la ciudad, además están los institutos de la secretaría de salud, los hospitales del IMSS, el ISSSTE, Pemex, el Ejército y la Marina. Cada una de estas instituciones ofrece niveles distintos en la calidad de la atención médica, estas diferencias pueden significar la distancia entre la vida y la muerte. Aún sin considerar a la medicina privada, en México hay pacientes de primera y de tercera.

Para hacer las cosas un poco más complicadas, estas instituciones funcionan de forma totalmente descoordinada. Hace unos meses, un amigo que trabajaba en el IMSS me confió con cierta vergüenza: no existe en México un mapa con la ubicación geográfica de los hospitales de las distintas instituciones que proveen servicios de salud. El IMSS no sabe donde están las clínicas de la secretaría de salud y viceversa. Esta descoordinación genera duplicidades e ineficiencias. El IMSS utiliza 11% de su presupuesto en gastos de administración.

¿Cuántos recursos se pierden en la duplicidad de gastos burocráticos, de cada uno de los sistemas de salud que sufragamos con nuestros impuestos? ¿Cuántas vidas se podrían salvar al año, si invirtiéramos mejor el dinero público? Durante el 2009, los partidos políticos recibirán 3 mil 633 millones de pesos. En este mismo año, el Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica recibirá 1,150 millones y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias 659 millones. Si se redujera en 50% la transferencia a los partidos políticos, México podría duplicar su infraestructura para enfrentar y detectar la siguiente epidemia. El susto ya se fue pero la influenza sigue aquí. La verdadera amenaza del virus será en los meses de frío. ¿Nuestros sistemas de salud están preparados para el desafío del invierno o los muertos volverán a tener la culpa?

8 de mayo de 2009

Pooh y Piglet ante la influenza

Pooh 

Traducción Libre:

Mientras los dos amigos caminan sobre la nieve en su camino a casa, Piglet piensa para si mismo la enorme suerte que tiene de tener un amigo como Pooh.

Entre tanto, Pooh piensa: Si este cerdo estornuda... BIP.... lo mato.

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Juan E. Pardinas

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