Hijo de padre inglés y madre española, John Carlin es un periodista privilegiado con visa de tránsito libre entre los idiomas de William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Sus dos lenguas maternas le permiten trabajar para El País de Madrid y El Independent de Londres. Fue corresponsal en Sudáfrica y Sudamérica. Los intereses de su pluma van desde los derechos humanos hasta el futbol. Con su columna deportiva de El País, Carlin es el cronista global del deporte que más apasiona a la especie humana. En su columna del domingo pasado, Carlin explica porque la liga inglesa de futbol es la más internacional del mundo:
El componente inglés lo dan los estadios y los fans. Pero lo que ocurre en el campo es un fenómeno global. No sólo son los grandes clubes los que cuentan cada temporada con menos jugadores ingleses (el Arsenal de momento no tiene ingleses ni siquiera en el banquillo) sino también el Portsmouth, el Reading, el Bolton... Este último, donde milita el español Iván Campo, tiene 21 nacionalidades en su plantilla. El Reading, 17. El Portsmouth, 15. El total de países representados en la Premier es 66.
Mientras las selecciones nacionales de futbol defienden banderas y patrias, las ligas profesionales son encuentros donde no hay naciones y el único honor es el de la camiseta. El futbol puede exacerbar nuestros nacionalismos más chabacanos, pero también es un bálsamo para borrar las diferencias que nos imponen los idiomas, los pasaportes y las banderas.
El Arsenal de Londres no tiene ingleses ni en la banca


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