En octubre de 1998, el banco Merrill Lynch publicó un desplegado de página completa en los periódicos y revistas más importantes de Estados Unidos. El anuncio de la firma de inversión comenzaba así: “ El mundo tiene 10 años de edad. Nació cuando se derrumbó el muro (de Berlín) en 1989. No es sorpresa para nadie que la economía más joven del planeta, la economía global, apenas está encontrando sus equilibrios… La expansión del libre mercado y la democracia en el mundo permite que más personas en todas las latitudes conviertan sus aspiraciones en logros.”
El mundo que festejó Merrill Lynch hace 12 años, hoy ya no existe. Cada año, la revista Fortune publica la lista de las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. En el año 2000, la empresa más grande de Estados Unidos era General Motors (GM), la séptima compañía más grande era el banco Citigroup, la onceava era Bank of América. Estas tres compañías prototipo del Siglo XX, hoy son como zombis, unos muertos vivientes que sobreviven gracias a las inyecciones de dinero por parte del gobierno de EUA. En 1955, cuando Fortune sacó por primera vez su inventario de empresas gigantes, GM ya ocupaba el primer lugar. Los ingresos anuales de la empresa son similares al Producto Interno Bruto de la República de Irlanda. En el 2009, General Motors podría pasar de ser la empresa automovilística más grande del planeta, a la bancarrota más importante en la historia del capitalismo.
La crisis actual parece un reacomodo profundo de las placas tectónicas del orden económico. Los referentes con que explicamos el mundo hoy, no necesariamente estarán ahí mañana. Durante décadas, Estados Unidos cumplió la función de ser el comprador compulsivo de la economía global. Para un zapatero italiano, un fabricante de muebles en Shanghái o una maquiladora de televisiones en Tijuana, EUA ha sido su principal cliente. Una armadora de choches en Japón y un productor de vinos en Chile contaban con la avidez de los gringos para usar su tarjeta de crédito. ¿Qué ocurrirá, si nuestro gastador empedernido se transforma en un ahorrador obsesivo? ¿Qué sucederá con la industria mundial, si su cliente preferido se convierte en un consumidor austero?
El día que Barack Obama firmó el plan de emergencia para enfrentar la crisis económica en EUA hubo tres oradores en la ceremonia: el propio Presidente, el vicepresidente Jospeh Biden y Blake Jones, el director de Namaste, una empresa dedicada a la generación de energía solar. La selección de oradores no fue sólo un asunto protocolario, sino una señal de las prioridades de inversión de la Casa Blanca. Namaste es una de las muchas empresas beneficiadas con un programa de gobierno para desarrollar energías alternativas. Hoy producir electricidad por calentamiento solar cuesta el doble de dinero que con combustibles fósiles. Sin embargo, con inversión en nuevas tecnologías esta proporción de precios puede cambiar muy pronto. Una frase del siglo XX decía, “lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos.” Esa máxima va a cambiar para siempre: “Lo que es bueno para Namaste, es bueno para Estados Unidos… y malo para Pemex.” Si Obama logra su objetivo de reducir la dependencia de EUA sobre el petróleo importado, nuestro país tendrá un serio problema. ¿Qué está haciendo el gobierno de Felipe Calderón para preparar a la economía mexicana en el mundo del mañana? La respuesta tiene cuatro letras: NADA. Una crisis mal manejada no es una oportunidad, es un desastre.