La crisis de la influenza ha abierto varias preguntas sobre el funcionamiento de la red de instituciones públicas dedicadas a protegernos de la enfermedad. La duda más recurrente es ¿por qué aquí hay muertos de una epidemia que resulta curable en otros países? La respuesta convencional ha sido responsabilizar a los difuntos por automedicarse y acudir tarde al doctor. Es cierto que los mexicanos tenemos el hábito de ir a la farmacia sin pisar un consultorio, pero en realidad, la automedicación salva a nuestro sistema de salud del colapso cotidiano. Nuestros hospitales públicos y privados no tendrían capacidad para absorber la demanda de consultas y pacientes. Ante la posibilidad de pasar varias horas en la sala de espera de un hospital público, la mayoría de los mexicanos buscan atención médica sólo en caso de una emergencia.
En muchos países desarrollados, los hospitales públicos difunden sus estadísticas sobre los tiempos de espera de sus distintos servicios: consultas, estudios o cirugías. En México será difícil transparentar los tiempos de espera por que nos enfrentaríamos a una realidad muy incómoda: en los servicios de salud que provee el gobierno hay clases sociales. Una enfermedad tratable en un buen hospital público, puede ser un mal incurable en una clínica con carencias de recursos humanos y financieros. En el Distrito Federal, hay 28 sanatorios a cargo del gobierno de la ciudad, además están los institutos de la secretaría de salud, los hospitales del IMSS, el ISSSTE, Pemex, el Ejército y la Marina. Cada una de estas instituciones ofrece niveles distintos en la calidad de la atención médica, estas diferencias pueden significar la distancia entre la vida y la muerte. Aún sin considerar a la medicina privada, en México hay pacientes de primera y de tercera.
Para hacer las cosas un poco más complicadas, estas instituciones funcionan de forma totalmente descoordinada. Hace unos meses, un amigo que trabajaba en el IMSS me confió con cierta vergüenza: no existe en México un mapa con la ubicación geográfica de los hospitales de las distintas instituciones que proveen servicios de salud. El IMSS no sabe donde están las clínicas de la secretaría de salud y viceversa. Esta descoordinación genera duplicidades e ineficiencias. El IMSS utiliza 11% de su presupuesto en gastos de administración.
¿Cuántos recursos se pierden en la duplicidad de gastos burocráticos, de cada uno de los sistemas de salud que sufragamos con nuestros impuestos? ¿Cuántas vidas se podrían salvar al año, si invirtiéramos mejor el dinero público? Durante el 2009, los partidos políticos recibirán 3 mil 633 millones de pesos. En este mismo año, el Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica recibirá 1,150 millones y el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias 659 millones. Si se redujera en 50% la transferencia a los partidos políticos, México podría duplicar su infraestructura para enfrentar y detectar la siguiente epidemia. El susto ya se fue pero la influenza sigue aquí. La verdadera amenaza del virus será en los meses de frío. ¿Nuestros sistemas de salud están preparados para el desafío del invierno o los muertos volverán a tener la culpa?

Estimado Juan,
Desde el inicio de la actual epidemia, se han resuelto muchas dudas; sin embargo, a casi un mes de iniciado este problema, una pregunta prevalece en el aire: ¿Por qué los 60 muertos 59 en México y 1 en Estados Unidos) han sido sólo mexicanos?
Las hipótesis que se han manejado son varias, pero la Secretaría de Salud de México maneja una constante: "Los pacientes fueron atendidos de manera tardía".
Una causa importante de este retraso es la que citas; aunque va más allá.
Es una cuestión de políticas sanitarias: Médicos Privados mal entrenados, Médicos Públicos negligentes, Medicamentos que se venden sin receta con la tolerancia de la Secretaría de Salud y otras más.
¿Tu sabías que los Médicos (por lo menos los Médicos Generales), no están obligados a actualizarse para recetar? México carece de un sistema de licencias que permitan el ejercicio de la medicina. Un médico pudo haberse graduado en 1960 y seguir ejerciendo sin haber vuelto a leer un libro.
Hace tres semanas (hay que decirlo), un gran número de Médicos Generales mexicanos eran incapaces de diagnosticar una influenza; no esta, de cualquier tipo, por que sencillamente no sabían que existía semejante enfermedad.
Se habla de la automedicación, cuando las autoridades permiten que medicamentos de "fracción IV" (antibióticos y antivirales entre otros) se vendan sin receta en las farmacias diariamente mientras el empaque dice: SU VENTA REQUIERE RECETA MÉDICA.
Sobre esto y otros puntos hablamos a profundidad aquí: http://blogs.strat-cons.com/?p=2153
Saludos.
Publicado por: Xavier Tello | 18 de mayo de 2009 en 8:51