Hace unas semanas un grupo de científicos nacionales hizo un descubrimiento que fue bautizado como el mapa genético de los mexicanos. Como si la idiosincrasia nacional fuera un instructivo singular para crear células, el hallazgo catalogó a 105 millones de compatriotas como un subconjunto específico de la especie humana. En un país hambriento de buenas noticias, el gobierno celebró el descubrimiento con bombos y platillos. Si podemos distinguir el ADN que nos separa de los incas, los españoles y gringos, ¿tal vez sea posible establecer diferencias genómicas entre los ciudadanos de la colonia del Valle y los habitantes de la Narvarte?
Me pregunto si la ciencia nacional, también podría establecer una diferencia genómica entre los mexicanos honestos y los compatriotas tranzas, una línea de cromosomas que distinga a los gandallas de los generosos. Sospecho que la genética no tiene manera para separar a los mexicanos mafiosos del resto de nosotros. Si la ciencia no ha podido separar a los seres buenos de los malos, el discurso político y la propaganda electoral lo hace todos los días. Un anuncio del PAN reduce la lucha contra la delincuencia al juego de jalar la soga entre dos equipos: de un lado de la cuerda están unos jóvenes con playeras azules de Acción Nacional y del otro extremo del mecate hay una pandilla panzones con chamarras de cuero, cadenas de oro y estereotipo de un rufián. Al final del comercial, un grupo de personas con camisas blancas llegan a jalar la reata del lado de los buenos enfundados en azul, mientras que los hampones caen en un charco de lodo.
El comercial de TV no es una trivialidad publicitaria de la campaña electoral, sino un resumen visual del discurso del gobierno frente al crimen organizado. Esta semana, diez presidentes municipales del estado de Michoacán fueron aprendidos por sospecha de tener vínculos con la delincuencia. ¿Qué tan diferente será el ADN del alcalde de Uruapan de tus genes y los míos? Me sospecho que tú y yo tenemos mucho en común con las celebridades criminales de esta semana: son seres humanos, aman a sus familias y en su corazón tienen le miedo al dolor y la violencia. No pretendo defender, ni exculpar a estos servidores públicos que, presuntamente, acabaron por servir a los intereses más tenebrosos. Los presidentes municipales que sustituyan a los alcaldes arrestados ¿tendrán el genoma de El Santo, Kalimán y Felipe Calderón? ¿serán unos paladines a favor de la justicia o tendrán los cromosomas del hijo del vecino? Creo que los alcaldes sustitutos serán unos seres humanos promedio, susceptibles de caer en actos de corrupción y con instinto de supervivencia. Los flamantes funcionarios serán tan humanos como sus antecesores. Hay más de 2,400 municipios en México. ¿Cuántos ayuntamientos estarán infiltrados por la mafia? ¿El problema comienza y termina en el estado de Michoacán?
Ya nos avisaron que el Ejército Mexicano seguirá en la lucha contra el crimen por lo menos hasta el año 2013. La guerra contra el crimen organizado será una batalla eterna, mientras se asuma como una lucha de buenos versus malos. El gobierno panista explica el problema con la premisa bipolar de un juego infantil de policías y ladrones. El asunto no es un tema de cromosomas humanos, sino del genoma de nuestras instituciones. Tus genes son 99.9% idénticos a los de cualquier ser humano del planeta. Nuestros rasgos individuales, no nacionales, dependen del restante 0.1%. Cada semana se acumulan evidencias sobre la fragilidad de los municipios para encarar la amenaza del crimen organizado. Nuestros ayuntamientos se deberían dedicar exclusivamente a resolver problemas del desarrollo urbano y dejar los temas de seguridad pública a otros niveles de gobierno. La máxima responsabilidad de un policía municipal debería ser la aplicación de multas de tránsito. La singularidad nacional no está en la herencia de nuestras células si no en la disfuncionalidad de nuestras instituciones.

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