En junio de 1947, el secretario de Estado norteamericano
George Marshall anunció en un discurso, en la Universidad de Harvard, un plan
de apoyo para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Marshall
anunció que la ayuda financiera no era para un país en específico sino para
combatir “el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos.”A pesar de que en
aquellos años Harry Truman era presidente, el plan fue bautizado con el
apellido del diplomático más prominente de EUA. El mandatario temía que de
haberse llamado el “Plan Truman”, el proyecto no hubiera sobrevivido a la
oposición republicana en el Congreso. Después de varios recortes y forcejeos
con el Capitolio, finalmente Truman firmó el Plan en Abril de 1948. A partir de ese año y hasta
1951, Reino Unido, Francia, Alemania y
otros 14 países europeos recibieron un total de 13 mil millones de dólares de
aquellos años. Durante sus 4 años en operación, el Plan Marshall (PM) puso la
semilla para que un continente devastado se transformara en una tierra de
promesa y prosperidad.
A partir de entonces, el PM se convirtió en un sinónimo de
proyectos exitosos para financiar el crecimiento económico. Cualquier país en vías de desarrollo soñaría
con tener una generosa bolsa de recursos para financiar infraestructura,
capital humano y estimular el cambio tecnológico. México ya tuvo propio su PM.
No fueron los contribuyentes gringos, sino una bendición de la naturaleza quien
puso los recursos en nuestras manos. En los años sesenta, el pescador
campechano Rudesindo Cantarell reportó al personal de Pemex que había una
mancha de chapopote en la región de la
sonda de Campeche. El yacimiento de hidrocarburos, bautizado con el nombre de
su descubridor, transformó a México en uno de los principales países productores
de petróleo. La riqueza de nuestro subsuelo acabó en las arcas de los erarios
públicos de los tres niveles de gobierno.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) realizó una comparación de los recursos del PM y los fondos transferidos a estados y municipios mexicanos. El primer paso fue traer los 13 mil millones de dólares del PM a precios actuales. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos ofrece en Internet una calculadora de inflación basada en el Índice de Precios al Consumidor. De acuerdo a esta fuente, un dólar de 1948 tiene un valor de 8.96 dólares del 2009. Dos operaciones aritméticas después, el IMCO transformó el dinero del PM a pesos actuales: 1.6 millones de millones de pesos. La suma de todas las transferencias a las entidades de la República, entre 2006 y 2008, sumaron 2.4 millones de millones de pesos. Nuestros gobernadores y alcaldes gastaron en 3 años, 33% más dinero del plan de ayuda para reconstruir Europa.
Nos gastamos más fondos que el Plan Marshall y explotamos el
yacimiento de Cantarell hasta el borde del agotamiento. ¿Dónde están los nuevos
aeropuertos y los trenes de alta de velocidad? ¿En qué estados se construyeron
las universidades para la producción de alta tecnología? ¿Cuándo se inauguran
las fábricas de vacunas, las plantas de tratamiento de agua y los centros de
investigación para energías renovables? ¿En qué cuentas de banco se encuentran
los fondos para respaldar las jubilaciones de cientos de miles de trabajadores
del IMSS, el ISSSTE, Pemex, CFE y LyFC? ¿Qué acaso se pagaron por completo
todas las deudas y compromisos financieros del gobierno federal? Basta de
sarcasmos.
El Plan Marshall no nos alcanzó ni para ponerle baños a todas las escuelas públicas del país. De acuerdo a información de la SEP, seis mil planteles escolares no tienen instalaciones sanitarias dignas de ese nombre. ¿En qué se gastaron esas montañas de dinero? ¿A dónde se fue esa lana propiedad de los mexicanos? Eso no lo sabemos. Lo único claro es que todavía quieren más. ¿Adivina quién lo va a pagar?
