En una de mis fotografías favoritas aparecen dos hombres tomados de la mano. No son dos amigos, ni dos amantes, son dos jefes de estado: el francés François Mitterrand y el alemán Helmuth Kohl. La imagen ocurrió en 1984. Los mandatarios europeos de dos naciones que se hicieron la guerra por siglos se toman de la mano frente a un ataúd cubierto por las banderas de ambos países. El pretexto de la ocasión solemne era conmemorar a los soldados de ambos bandos, que murieron durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Kohl y Miterrand más que recordar el pasado, lo querían enterrar. En ese féretro yacía inerme una historia común de rencor, brutalidad y violencia. Los representantes de dos pueblos, decidieron darle sepulcro a sus odios. Sólo quien deja atrás el pasado, puede mirar con tranquilidad el futuro. Se dice que en el amor, un clavo saca otro clavo. En la percepción de la historia ocurre algo parecido. Una vieja narrativa es remplazada por una lectura renovadora de los tiempos. La narrativa de los antiguos enemigos es desplazada por el discurso de los nuevos aliados. La historia de trincheras y guerras mundiales es superada por la visión de una Europa unida bajo una comunidad de valores e instituciones. Kohl y Miterrand lograron sepultar la historia de un continente, gracias a que tenían una visión clara de lo que vendría después. Ambos estadistas, hicieron la epopeya de narrar y construir el futuro.
A nuestro querido México, le urge un curso intensivo para enterrar la historia. Nuestro pasado no sólo es parte de los libros, sino también de los discursos electorales, las leyes y las políticas públicas. En nombre de la historia, confundimos el pasado con la virtud. Celebramos un bicentenario de mitos, sin tener una narrativa muy clara de cómo serán nuestros próximos 50 años.
México sí tiene una visión del mañana. El problema es que esa construcción de un destino deseable no está en la voz del Presidente o de algún líder político, sino en la prosa de Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda. En la edición de noviembre de la revista Nexos, ambos autores publican Un futuro para México. El texto es un instructivo general para sepultar nuestros anacronismos e imaginar un país distinto, una nación poblada por una amplia franja de clase media.
La estabilidad de toda democracia y la viabilidad de cualquier modelo económico, dependen de la esperanza colectiva de que el futuro será mejor que el presente. Esa expectativa optimista del futuro le da razón de ser a las reglas que nos gobiernan. Hoy en México, ningún partido político ofrece una narrativa verosímil de un porvenir prometedor. En contraste, el texto de Nexos deja la sensación de que nuestro país sí tiene remedio. El desafío radica en transformar el mensaje de Un futuro para México en una masa crítica y una plataforma de gobierno. La visión del porvenir ya está en tinta y papel. Ahora falta un liderazgo político o un movimiento ciudadano para apadrinar su espíritu.

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Publicado por: Silvia | 26 de enero de 2010 en 10:45
Solo veo una solucion para un futuro mejor en mexico. nadie se lo va ha dar ha los mexicanos hasta que ellos mismos hagan conciencia y dejen de vivir en sus rodillas los asesinatos, secuestros y corrupcion seguiran apaleando al pueblo mexicano hasta que el pueblo se levante y recuerde que decendemos de indios guerreros que prefieren morir de pie que vivir de rodillas. me pregunto por que en mexico los unicos que pueden portar arma son los corruptos o los criminales? despierten mexicanos.
Publicado por: Emiliano | 11 de enero de 2010 en 22:49
y?
Publicado por: Silvia | 14 de diciembre de 2009 en 13:30