El 28 de noviembre de 1943, en
Irán, dio comienzo una reunión de cuatro días que cambió el curso de la
humanidad. Los jefes de gobierno de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión
Soviética se sentaron a decidir las estrategias para derrotar a Adolfo Hitler. Franklin
D. Roosvelt y Winston Churchill, los líderes de las democracias capitalistas se
sentaban a la mesa con el dictador comunista, José Stalin. La organización de
la cumbre no fue un asunto sencillo. A Stalin le daba miedo volar y jamás en su
vida se había subido a un avión. Churchill y Roosevelt accedieron a ubicar la
cumbre en Terán, una sede próxima a Moscú. Así se evitó que el líder soviético
tuviera que pasar demasiadas horas en un aeroplano. La política y su hermana la
diplomacia son oficios que exigen administrar cortesías y reclamos.
Durante la guerra civil, Manuel Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo pelearon en bandos contrarios. Aquí, las diferencias entre los adversarios políticos no estaban marcadas por el matrimonio entre homosexuales o unos berrinches postelectorales. Las biografías de franquistas y republicanos estaban separadas por ríos de sangre. Las tensiones entre los bandos no eran un problema de egos, insultos verbales y otras estupideces. Gutiérrez Mellado y Carrillo tenían mejores razones para justificar el odio mutuo: una guerra con medio millón de cadáveres. A pesar de la memoria fresca de los muertos, el ex falangista Adolfo Suárez y el comunista Santiago Carrillo negociaron los cambios políticos para enterrar la España del franquismo.
En Chile, Patricio Aylwin era el presidente del Partido Demócrata Cristiano, en septiembre de 1973, cuando Pinochet dio el golpe de estado en contra del gobierno socialista de Salvador Allende. Aylwin no dudó en apoyar la asonada militar que le costó la vida al presidente chileno. Después de la dictadura de Pinochet, ¿quién fue el primer candidato y presidente de la coalición de socialistas y democristianos? El mismo Patricio Aylwin. Algunos le dicen amnesia, otros le llaman necesidad de mirar hacia delante. Si tus rencores tienen demasiada memoria, mejor no te dediques al trabajo político.
Gracias a una alianza contra natura entre bolcheviques y capitalistas, los nazis perdieron la segunda guerra mundial. Una negociación entre ex fascistas y comunistas abrió la puerta a la transición española. El acuerdo entre viejos enemigos socialistas y democristianos, le dio a Chile 20 años de prosperidad y estabilidad política.
Hoy nos dicen que el PAN y el PRD no pueden ir juntos en las elecciones de Oaxaca, Hidalgo y Durango. Por favor, dejemos de mirarnos el ombligo. Alcemos la vista por encima de la cortina de nopal. Si la izquierda y la derecha mexicanas no logran forjar una alianza electoral, no es una imposibilidad impuesta por mandato de la naturaleza, sino por la mezquindad y pequeñez de sus respectivos liderazgos políticos.
