"El asfalto cubriendo las montañas y los valles… es una espléndida utopía." Esta línea es una frase del himno del Ministerio de Construcción del gobierno japonés. La estrofa de la canción se convirtió en una profecía. Durante los años 90, Japón pasó por una profunda recesión. Para salir del letargo económico, el gobierno se dedicó a gastar y gastar, con el fin de darle vitalidad al ciclo económico. Todo ese dinero compró mucho asfalto y cemento: carreteras, puentes, túneles y vías de tren. Se construyeron presas para desviar el cauce de los ríos y rompe olas gigantes para prevenir la llegada de un tsunami. El 60% de las costas japonesas quedaron cubiertas por concreto.
Un reportaje reciente en el New York Times narraba la historia de la pequeña ciudad de Hamada, en el suroeste de Japón. La localidad apenas tiene 61 mil habitantes, una población similar al municipio de Tacámbaro en Michoacán, pero esta ciudad rural en Japón cuenta con un puente colgante, un distribuidor vial, un museo infantil, un acuario y una cárcel. Cerca de Hamada, hay un aeropuerto que costó 250 millones de dólares, pero sólo recibe dos vuelos al día. Todas estas obras fueron financiadas por el erario nipón. Hamada es uno de los cientos de ejemplos que ofrece Japón, donde el gasto en obra pública se convirtió en un desperdicio de dinero. Una buena infraestructura de comunicaciones es fundamental para el desarrollo económico. Los puertos y carreteras son las arterias del comercio. Sin embargo, un puente que no va a ninguna parte, o una autopista que comunica a dos pueblos fantasmas resulta un pésimo aprovechamiento de recursos.
Todas las mañanas paso por el Circuito Interior del Distrito Federal. El gobierno de la Ciudad de México decidió que el asfalto de la avenida debería ser levantado de raíz y remplazado por unas flamantes planchas de concreto. ¿Era una obra necesaria? ¿Los problemas viales y el costo financiero justificaban los beneficios? Sobre la Avenida Insurgentes, varias estaciones de metrobús están en proceso de intensa remodelación. Con apenas tienen 3 años de uso, el gobierno de la ciudad invirtió recursos en remozar las estaciones sin una razón o propósito evidente. La nueva superficie del Circuito Interior o las flamantes estaciones del metrobús parecen inversiones muy poco productivas.
Japón y México son países muy distintos. Allá desperdiciaron recursos en construir elefantes blancos y aquí nos urge modernizar nuestra infraestructura. Sin embargo, el uso del presupuesto público en Japón al final del Siglo XX nos deja varias moralejas útiles. Esta semana el presidente de EUA Barack Obama presentó el plan económico que busca salvar a su país de una nueva gran depresión. Uno de los rasgos más interesantes de este proyecto de rescate es el grado de transparencia y rendición de cuentas sobre el uso del dinero público. Por medio del sitio de Internet, www.recovery.org, el gobierno de EUA transparentará los subsidios, contratos y resultados de las auditorías al plan de rescate. Una mayor rendición de cuentas obliga a la autoridad a gastar el dinero de forma más inteligente. Si no se transparenta la inversión en infraestructura en México, en unos años van a rencarpetar el Periférico y Tacámbaro estrenará su aeropuerto internacional.
