Ser Presidente de la República parece un empleo casi tan demandante como entrenar a la selección nacional de fútbol. El titular del Ejecutivo le rinde cuentas al Congreso cuando presenta su informe de gobierno y encara el juicio de los votantes en las elecciones legislativas a mitad del sexenio. En cambio, el Director Técnico del Tri rinde cuentas de su desempeño durante cada partido del equipo nacional.
Si el gobierno no ofrece los resultados esperados, el Presidente le puede echar la culpa al PRI, al resto de la oposición o a las condiciones de la economía global. Cuando Hugo Sánchez explicó que no podía dirigir bien a la selección por que el verde del pasto se confundía con el color de la camiseta, sus días como timonel estaban contados. El perfil laboral del entrenador nacional implica asumir toda la responsabilidad por el rumbo de la onceava. En política las derrotas son huérfanas, pero en el fútbol tienen nombre y apellido. Esta semana, el fracaso se pronuncia en sueco.
Muy pocos mexicanos tienen una opinión formada sobre la mejor política fiscal o la estrategia más adecuada para enfrentar el calentamiento global. En contraste, hay cerca de 105 millones de expertos que tienen la alineación ideal y la formación defensiva perfecta para encarar al siguiente rival. Sólo AMLO y Porfirio Muñoz Ledo han manifestado el peligroso disparate de que el Presidente Calderón debe ser separado de su cargo, antes de cumplir el término de su periodo constitucional. Si el Peje y Porfirio piden la revocación del mandato presidencial, la mayoría de los mexicanos pensamos que están chiflados. En cambio, si un aficionado pidiera un poco de paciencia y una nueva oportunidad para Sven Goran Eriksson pensaríamos que esa persona está completamente fuera de la realidad.
No compadezco a Sven Goran Eriksson que abandonó su cargo con un generoso bono de separación involuntaria. Su situación me recuerda a los banqueros gringos que dejan una institución financiera en bancarrota, pero a cambio reciben una compensación astronómica. Sin embargo, el trabajo de dirigir a la selección es el empleo sobre el cual recaen mayores expectativas en todo el país. Nadie espera que el Presidente de la República convierta a México en una potencia económica en el lapso de un sexenio, pero cada cuatro años soñamos con la posibilidad de ser campeones del mundo. Ahora Javier Aguirre tiene en su espalda las ilusiones de una afición que conforma una República.








