Con buena pluma y poca esperanza, Xavier Rupert de Ventos se lamenta en El País de los engendros prácticos de las utopías de izquierda. Lo más interesante del texto es la mención a la correspondencia entre Carlos Marx y su aspirante a yerno: Paul Lafargue, un joven afroantillano que cortejaba a la hija del autor de El Capital. Al igual que el suegro, Lafargue criticó la explotación del trabajo obrero, pero con un enfoque distinto. Lafargue no alababa las virtudes del comunismo sino de la flojera, en un libro titulado El elogio de la pereza. Marx resultó un hombre muy conservador cuando el pudor de su hija estaba en juego, Rupert de Ventos cita siguiente correspondencia con Lafargue:
"No crea usted, señor mío, que yo tenga nada contra los mestizos, pero debe usted comprender que mi hija es una señorita decente y decorosa, acostumbrada a las relaciones formales y morigeradas que caracterizan a los países civilizados. Y yo temo que la excesiva pasión propia de países más calientes y con mayor promiscuidad que en Europa puedan chocar a mi hija y atentar a su natural modestia".


