Esta semana, en un mensaje por televisión, el Presidente Felipe Calderón afirmó: “Para limpiar nuestros organismos federales, les estamos haciendo exámenes de control de confianza a todos los policías federales… Por cada policía federal hay más de 20 policías estatales o municipales. Por eso queremos que este nuevo modelo policial se repita en todo el país, a nivel de las policías estatales y municipales…” Me asusta el uso de la palabra “queremos”. El jefe del Ejecutivo no se puede comprometer a mejorar a los cuerpos policiacos que están fuera de la autoridad federal. Lo único que puede hacer el presidente de la República es manifestar su anhelo de modernizar las policías locales. Sin embargo, la ley no le otorga ninguna facultad para garantizar la profesionalización de los 350 mil efectivos que componen las policías estatales y municipales.
Hace unos días una madre mexicana hizo público el secuestro de su hija que ocurrió en septiembre de 2007. La Procuraduría de Justicia del DF emitió un comunicado para afirmar que no tenía información sobre el secuestro ocurrido hace 11 meses. La policía federal y la policía capitalina no habían compartido ninguna información sobre el caso. Esta falta de comunicación es un ejemplo adicional de la falta de coordinación entre los cuerpos de seguridad de los distintos niveles de gobierno. El monopolio estatal de la fuerza pública está pulverizado en 1600 cuerpos policiacos con problemas graves de descoordinación.
El Banco de México tiene el monopolio de la emisión de billetes y moneda nacional. Imaginemos por un minuto que cada municipio del país tuviera su propio Banco Central con capacidad de imprimir dinero: “El Honorable Banco de Naucalpán pagará 500 pesos naucalpenses a la vista del portador. El tipo de cambio del día de hoy establece que un peso naucalpense equivale 3 pesos del ayuntamiento de Tlaquepaque.” México sería un caos financiero. Para evitar esta anarquía, la Constitución de 1917 estableció que sólo la autoridad federal tiene la facultad exclusiva para emitir billetes y acuñar monedas. Lo que nos parece absurdo en la fabricación de dinero, nos resulta normal en la seguridad pública. Cada municipio tiene sus propios policías, con su respectivo entrenamiento, equipo y sistemas de profesionalización.
