“Los cristianos primitivos sabían que el mundo está regido por los demonios y quien se mete en política es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario.”
Cuando Max Weber escribió esta frase en 1919, no existía www.youtube.com Hoy en un régimen democrático, quien quiera participar en política no sólo se arriesga a coexistir con la lógica de los demonios, sino también se expone al riesgo permanente del ridículo. Todos los seres humanos tenemos cierta vocación por provocar humor involuntario, a costa de nosotros mismos. Quien escoge la política como oficio se expone a que sus momentos de íntima debilidad sean exhibidos como un espectáculo público.
En la era de youtube hay millones de ojos y cámaras que registran cada instante de las actividades de un gobernante. La búsqueda y ejercicio del poder es una pasarela de la naturaleza humana. Como demuestra el nuevo Primer Ministro británico Gordon Brown, en el pleno del parlamento, el ridículo es uno de los peligros profesionales de la política.
