De camino a mi oficina hay un hermoso parque arbolado. Todas las mañanas, un batallón de hombres y mujeres en trajes fosforescentes se apresta a barrer las miles de hojas que dejan los fresnos y las jacarandas. La enjundia de los trabajadores de limpia levanta una nube de polvo que cubre una buena parte del parque. El pulmón boscoso se transforma en una tormenta del desierto. Los propios barrenderos y los visitantes matutinos van con tapabocas para prevenir una carraspera en la garganta.
En una modesta cruzada ciudadana, le pedí a los barrenderos que echaran agua antes de pasar la escoba para aplacar la tolvanera o usaran un método distinto para quitar las hojas. Los trabajadores de limpia, muy amables, me dijeron que ellos le han pedido lo mismo a su supervisor, pero el agua disponible es sólo para regar plantas y llenar las fuentes. Me recomendaron hablar con el encargado de limpieza del parque. Eso hice. El atento funcionario me dijo que haría lo posible por atender mi petición, pero que si el parque estaba sucio, él recibiría un regaño. Agradecí la atención y cortesía del funcionario, pero han pasado varios meses y la polvareda sigue flotando todas las mañanas. Mi único consuelo es que ahora los barrenderos me ven a los ojos y me piden disculpas.
Barrer un parque es la política pública más sencilla que puede realizar una autoridad. Quitar hojas de una banqueta es la responsabilidad más trivial que tiene el gobierno frente a la sociedad. ¿Si modificar el uso de una escoba en un parque público es un reto complicado para la burocracia, qué implicará reformar la política económica del país? El último de los 25 puntos del plan anticrisis que anunció el presidente Felipe Calderón me dejó perplejo: "Ejercer sin cambios el Presupuesto de Egresos aprobado para 2009".
El Ejecutivo federal presentó su proyecto de presupuesto el lejano 8 de septiembre del año pasado. En aquel otoño distante, el tipo de cambio se cotizaba a 10.5 pesos por dólar y el barril de petróleo mexicano se vendía a 95 dólares por barril. Por esas fechas, Lehman Brothers todavía era uno de los bancos de inversión más grandes de Estados Unidos. Hoy el dólar amaneció a 14 pesos y el petróleo cuesta casi una tercera parte de lo que valía en septiembre. El banco de los hermanos Lehman ya no existe. En el espacio de unos meses, la realidad financiera del planeta cambió radicalmente. Mientras tanto, Felipe Calderón se jacta de que aquí el presupuesto federal se ejerce "sin cambios".

